Levantando la mirada
una conversación con Tew Bunnag

Juan Gorostidi, primavera de 2005

 

 

 

Me encuentro con Tew en una suave tarde primaveral del Ampurdá gironés. Él sabe hacer de cualquier rincón un espacio acogedor y nuestra conversación se mueve desde lo más inmediato y particular a las cuestiones que nos preocupan, aunque no parezca estar en nuestra mano atajar: la crisis social interminable en su país, en contraste con la sensación de frivolidad que le producen nuestras cuitas; los niños que nos rodean o las noticias alrededor del taichi. Le propongo comenzar por esto último, pero tratando de levantar la mirada , de buscar un entendimiento a lo que pueda representar el taichi en nuestro momento y nuestro mundo.

 

Tú participaste en la aceleración que se produjo en Europa en los 80 en cuanto al interés y la expansión de las disciplinas orientales (artes marciales, meditación, etc.), a la par de algunos cambios sociales y políticos de los que aún hoy se sigue hablando (caída del muro y fin de la guerra fría, apertura de China al mundo, etc.). Fue cuando algunos te conocimos en España y otros países europeos. Visto aquel momento desde hoy, ¿qué aspectos destacarías?

En 1985 fui invitado para enseñar en España por primera vez. El curso fue en una comunidad encima de Mieres, no muy lejos de Olot, una aldea al norte de Girona. Allí encontré a todo tipo de gente alternativa . Lo que les unificaba, creo yo, fue un deseo de explorar no sólo otros caminos distintos a los que habían conocido -por ejemplo el catolicismo-, sino también otras maneras de vivir y de ser más creativos en su vida. Algunos habían luchado en el terreno político pero ya habían dejado estas formas de lucha. En toda Europa mis primeros alumnos fueron del mismo tipo de gente. Fue algo que tenía sus raíces en los años sesenta: se mezclaba un gran interés en la filosofía oriental con una determinación de no hacer la guerra....

Visto desde ahora, uno tiene la impresión de que estábamos embarcados en un viaje que rompía con cualquiera de las previsiones que tratábamos de imaginar.

Efectivamente, de alguna manera todo fue un viaje a lo desconocido, también para mí. Y entre las sorpresas agradables se encuentra el hecho de que, poco a poco, la práctica del taichi esté al alcance de toda la población. Me alegra sinceramente, porque ésa fue mi visión desde el principio: que el arte de Tai Chi Chuan pueda ayudar a todos.

¿Te atreves con algún pronóstico para los practicantes de aquella época, ya no tan jóvenes, para los años que vienen, sobre el lugar de la práctica en nuestras sociedades?

En los años que llevo enseñando he visto muchos cambios, mucha movida. Creo que el arte de Tai Chi Chuan sigue evolucionando. Lo importante -y a lo mejor ésta es la razón de su popularidad- es que la gente ha descubierto en el Tai Chi una herramienta muy hábil que les ayuda en su vida diaria. Podemos decir que, hoy en día, ha dejado de ser exótico para Occidente y que se ha enraizado como una práctica accesible. Tengo la impresión de que se va a extender todavía más en los años que vienen.

Uno de los aspectos que más nos llamaban la atención en el trabajo que realizábamos contigo es la naturalidad con la que te desenvuelves en todo lo referente a la marcialidad, sin que eso represente ningún interés especial por hacer de tus alumnos unos luchadores a la vieja usanza. El Tai Chi Chuan como arte marcial sigue resultando controvertido en un entorno como el nuestro, que se ha encargado de sacar a la violencia explícita (guerras, conquistas...) fuera de sus fronteras y ha convertido este tema en tabú en su interior. ¿Cómo ves la aportación que un arte marcial como el nuestro puede hacer en sociedades como las europeas actuales?

Siempre he visto que el aspecto marcial nos permite explorar nuestros patrones de violencia, competitividad, obsesión de dominar, etc., de forma que tenemos la posibilidad de ir más allá -hacia la paz verdadera-. Y no me refiero a una aspiración idealista, que nunca ha servido a la humanidad en los momentos de conflicto, sino a una vivencia de la paz. Para mí, éste debería ser el fondo de todo entrenamiento marcial. Lástima que lo hayamos olvidado. Y este tema de cómo vivir la paz es tan relevante hoy como siempre.

Me pregunto cómo se viven estas cuestiones en un lugar con una crisis tan profunda como Tailandia, y donde la lucha ha formado parte de un lenguaje muy insertado en la sociedad tradicional.

Mira, cuando hablas de lucha, o de un sistema de lucha, como algo que forma parte de la cultura de un país como Tailandia, tienes razón. Pero hay que distinguir también lo comercial de lo espiritual. En mi país, pese a la imagen del boxeo tailandés como deporte profesional -y muy violento además-, todavía preexiste el aspecto de un entrenamiento muy espiritual con un fondo muy antiguo. En esta época he notado que más y más gente, tanto tailandeses como extranjeros, es atraída por este aspecto. Y creo que ocurre lo mismo en China o en Japón. Entonces vemos una situación donde hay un gran impulso de volver a las raíces. Mientras que la comercialidad sigue disparada. Resulta muy interesante.

La salud (y la enfermedad) es otro de los temas eternos, pero con unas connotaciones especiales en estos tiempos. Has tenido ocasión de vivir en un contacto muy estrecho con personas muy enfermas física y psíquicamente, tanto en Europa como en Asia. ¿Qué destacarías de este momento, tanto allí como aquí?

Durante estos 30 años que vengo enseñando he visto un cambio en el entorno de las medicinas complementarias que no hubiera imaginado. Pese a una resistencia que se mantiene, creo que ahora hay una aceptación de las medicinas complementarias en las poblaciones del mundo que un día -es mi esperanza- permitirá una verdadera complementariedad entre la medicina occidental y otras tradiciones. Creo que vamos en esa dirección, aunque no hayamos llegado todavía.

Pero, ¿podemos decir que existe un terreno compartido a la hora de enfrentar esta cuestión entre los países ricos y los pobres, unos enfrascados en la revolución genética y otros sin poder encarar epidemias que los diezman como la malaria, la malnutrición o el sida?

Es difícil de contestar esta pregunta. Lo que veo es que los médicos formados en la medicina occidental están más abiertos ahora a los métodos tradicionales. Algunos están más preparados para experimentar. La malaria es un caso. Se ve que hay hierbas que funcionan mejor que las pastillas químicas. En el terreno del sida también hay hierbas que pueden ayudar. Lo importante es no estar atrapado por los prejuicios. Es importante estar abiertos a todo.

Pareces optimista en cuanto al lugar que espera a los sistemas de sanación tradicionales (entre los que incluiríamos algunos aspectos de nuestra práctica) en el momento actual...

Sí. Me parece que aún estamos en un momento experimental, mirando qué combinaciones funcionan y cuáles no. Es algo en evolución. Pero estoy seguro de que si, como he dicho, podemos abandonar los prejuicios, podremos llegar a tratamientos que combinen lo mejor de la tradición occidental con otras terapias.

Parece que vivimos un cambio en las formas de espiritualidad con respecto a hace algunos años: por un lado, la radicalización de las formas más duras de los monoteísmos (judías, cristianas o musulmanas). Por otro, la expansión en Occidente de las antiguas formas de espiritualidad orientales como nuevas vías de desarrollo personal. ¿Cuál es la situación del budismo en los países del sudeste asiático y cómo se puede relacionar con su relativa expansión por Occidente?

La ironía es que, mientras que las enseñanzas del Budismo tienen más y más relevancia e importancia para la gente de los países desarrollados -ésa es mi impresión-, en los países donde es la religión central está viviendo sus momentos de crisis. Hay muchas razones para ello y sería largo analizarlas. Pero lo que me parece obvio es que, en un país como el mío, donde la mayoría de las personas -que han sido pobres además- se encuentran en una fase histórica donde están descubriendo el consumo (esto se ve también en China, por ejemplo), no quieren escuchar las enseñazas que contrastan tan fuertemente con el materialismo. No quieren saber nada de espiritualidad, a no ser que también se convierta en producto de consumo. Entonces, digamos que es un momento de rechazo. Al mismo tiempo creo que si los que enseñan el Budismo fueran un poco más hábiles en su manera de transmitirlo, así como en su manera de vivir su vida espiritual, la situación sería mejor. Pero cuando ves a un monje con su teléfono móvil o se destapan los escándalos... Todo está en cambio.

¿Cuál es el papel que están jugando el cristianismo o el Islam en Asia?

Sé muy poco del papel del cristianismo. En cuanto al Islam, es muy obvio que, después de la guerra de Irak, los fundamentalistas tienen ahora entre ellos un mensaje muy potente para llegar a la población musulmana. En mi país la mayoría de ellos están entre los más pobres de la sociedad. Todavía sufren la injusticia. Ahora se sientan amenazados. Gracias a la guerra, los extremismos ahora encuentran mucho más apoyo. Entonces veo que, en mi país, las consecuencias de la política de los Estados Unidos han traído un gran peligro, que a lo mejor durará toda una generación.

Estamos asistiendo a una explosión sin precedentes de la economía china y de otras regiones de Asia. En los países occidentales ricos comienza a percibirse cierto nerviosismo por las consecuencias que para nosotros tiene este fenómeno, atrapados por nuestras propias contradicciones: por un lado, es el modelo económico occidental el que se está imponiendo, con la llamada globalización, pero esa imposición puede llegar a poner en peligro la hegemonía occidental así como la propia supervivencia del planeta, no ya por una guerra nuclear, sino por el agotamiento y la lucha por los recursos naturales (agua, aire, combustibles, etc.). ¿Puedes decirnos algo de todo esto mirado desde el otro lado, desde un país como Tailandia?

¡No soy político! Pero lo que te puedo decir del otro lado es que hay miedo. Como en todo el mundo, tanto por lo que está ocurriendo en la economía como en el medio ambiente. Miedo de lo que los americanos sean capaces de hacer en el futuro (en nombre de la paz ). Miedo del poder de China, que nos va a dominar completamente. Quizás hay cosas exageradas, pero la verdad es que el miedo es real. Creo que estamos viviendo una crisis global en tantos niveles que, desde mi punto de vista, está produciendo un pánico colectivo y un sentido de impotencia. Es una situación bastante peligrosa. Personalmente creo que tenemos que seguir luchando reclamando más responsabilidad por parte de los que gobiernan, más justicia, etc. Pero, al mismo tiempo, continuar intentando vivir bien y disfrutar de lo que podemos hacer. Con fe en el camino que hemos elegido.

 

Otras entrevistas con Tew Bunnag en:   www.concienciasinfronteras.com